Thursday, September 18, 2008

Material para los sueños

Rendija, herida que destila mansamente material para los sueños, abierta la zanja hacia el nadir, el cuarto creciente se proyecta en la abertura al plenilunio. En ese transcurso, la materia es en sí lo que es y se trastoca, transustancialidad hacia lo onírica: piedra filosofal múltiple, impúdica de aristas, dolientes los fragmentos del concreto, alambres como filamentos cósmicos atan el aliento al inframundo. Las varillas son lanzas cortadas por una luz ámbar y se asocia y refleja color breve, dosis minúsculas de espejos, hilo falso anuda la mirada con lo profundo de la tierra demolida. Mana greda, vigoroso acero en una red de ojos vespertinos, vigilan desde abajo, jalde, azafrán, hebras rudas y, de pronto, el rehilete se eleva y espejea lo luminoso en el gris de las redes de arena, ceniza edulcorada, viento, huracán que arrebata al verano. Cava, excava, se multiplica y fragmenta en guijarros inéditos, corta el ojo divino de un dios inexistente atrapado en su propio trazo. Así, sin coraza, rota la armadura, horadada, allá por el fondo, debajo de las capas, entre los falsos estratos geológicos de una geografía fabricada, va fluyendo agua rígida, incipiente de polvo primigenio, restos de una América volcánica, prisma que se cimbra con emociones dúctiles. Y todo se transforma en imagen viajante, se asombra de un tú a tú con el delirio, mientras hirsuta la cama del faquir, clava mil puntas, espina, acribilla, desprende la retina sin romperla…



Así se van enlazando las imágenes de estas “Formaciones vespertinas” de Paula Martins, fotografía abstracta, ¿abstracta? Y qué fotografía no lo es, qué pintura no lo es: un recorte, una interpretación de la realidad, en sí una abstracción, parecería ocioso el postulado. Sin embargo, estas “Formaciones” nos regresan la mirada al abstraccionismo pictórico de principios del siglo XX que renuncia a la figuración-imitación de la realidad, de los objetos hasta hacerlos desaparecer. Entonces, lo que importa es la expresión de las emociones, de la creatividad a través de colores y líneas sin significados precisos, y así se convierten en la exteriorización de la libertad del espíritu, flujo de sensaciones e intuición. Una de las ideas centrales de Kandinsky, el principal teórico de este movimiento, es que el efecto físico del color suscita una vibración anímica y lo mismo sucede con las formas. Estos son los fundamentos de lo que más tarde sería la fotografía abstracta, que como la pintura desecha la reproducción exacta de objetos y fenómenos, la perspectiva convencional, la fidelidad al color y todos aquellos elementos que constituyen una foto y se consideraban como irrenunciables: el registro posible de la perspectiva, de los detalles, la presentación de pose y movimiento y, en ocasiones, el atrapar el “momento histórico” como en la fotografía documental.



Paula Martins, pintora abstracta que deviene en fotógrafa del mismo cuño, capta con el lente la materia, las texturas, las formas en los lugares más prosaicos inimaginables: zanjas para el tendido del drenaje urbano (esto nos remite a la obra del gran Antoni Tapies, precursor del arte povera). Atrapa al concreto, al asfalto, tierra, piedras y varilla pero no se queda allí, juega con los elementos, con sus formas, con sus colores, los entremezcla, los sobrepone, los multiplica y así los resignifica, son y no son más lo que son, y de esta forma incide en el espectador para removerle lo más oculto y soterrado. Y allí vamos en el viaje transcurriendo las estancias, prendidos de un alambre que como inhóspito hilo de esta Ariadna nos conduce a través del laberinto.
.
Inés Martinez de Castro N.
Poeta





0 comments: